viernes, 21 de agosto de 2015

Perú en 12 días #2

Día 2, amanecimos en Lima un poco tarde teniendo en cuenta que a las 16hs salía el vuelo a Cuzco. La idea de recorrer San Isidro quedó para la vuelta.

Con las valijas hechas y después de usar el wi-fi para avisar a donde íbamos y que no nos podríamos contactar por unos días con la familia, partimos.

Sólo con pararnos en la vereda logramos que un taxi gire bruscamente y tome por la calle en la que estábamos, las maniobras peligrosas abundan en Perú. Arreglamos la tarifa en 40 Soles, casi la mitad de lo que el primer día nos pidieron.

Hay que tener en cuenta que el viaje al aeropuerto puede llevar hasta una hora desde Miraflores. No era horario pico, sin embargo....

El taxista era bastante agradable y le gustaba la charla, nos contó que el taxi iba a ser suyo después de terminar con las cuotas pendientes, que lo compró parte con la indemnización que recibió de la empresa de buses para la que trabajaba (la que recorre la Vía Expresa), que un cuñado le prestó otra parte y que era un conductor cuidadoso, "Si frenó ni lo van a notar". También nos advirtió el momento en el que teníamos que subir las ventanillas porque nos acercábamos a una zona peligrosa, en donde era común que robaran a los autos.

Bastaba ver por la ventana las casas enjauladas para creer; no sólo puertas y ventanas tenían rejas, también algunas calles están privatizadas para los residentes.

Después del largo paseo en taxi llegamos al aeropuerto de Lima, check in previo decidimos comer una dona en Dunkin Donuts, recuerdo de los 90. Panza llena, corazón contento, consultamos con la oficina de información turística qué ruta nos convenía más, y el más atento de todos los peruanos nos ayudó a diseñar en 10 minutos el itinerario para 10 días, con recomendaciones, búsqueda de pasajes de micro y todo.

Abordamos el vuelo de Lan y en un ratito llegamos a Cuzco, donde nos recibió el frío. Recorrer Perú es así, calor, humedad, frío en un día. A mayor altura más frío, y después de las 5 de la tarde que no hay sol es peor. Hay que vestirse con la técnica de la cebolla: remera liviana, saco finito y campera, llevar guantes y gorra de lana en la mochila.

Al llegar al aeropuerto de Cuzco nos abrigamos y partimos para hacer el check in. Otra vez la salida del aeropuerto supuso el acoso de los taxistas y el regateo, no más de 7 Soles nos habían dicho, y está vez lo conseguimos.


La masa

En una mañana de invierno, la demora hizo notar que el subte no es más que la cinta transportadora de la línea de montaje fordista que, en masa, lleva a los trabajadores a sus destinos: ser números en el sistema.

lunes, 17 de agosto de 2015

Tenía 21 años y decidí no comer carne hasta que bajara el precio. Eran los principios del kirchnerismo, de la inflación, de mi juventud de rebelde ideológica (la que vivirá en tanto piense distinto que mi padre). Al momento de hacer el anuncio mi mamá se sonrió y, antes de la comida me preguntó qué quería. Ese domingo mi papá hizo un asado, con lo que la protesta duró muy poco, me entregué a una carne humeante y de aromas penetrantes.

Un año después,  con un poco más de convicción que de protesta producto de la cursada facultativa, la antropología, Levi Strauss y los cuices, insistí con mi iniciativa, pero está vez me haría vegetariana, mis padres se rieron, preguntaron si nunca más iba a comer carne, lo que no supe responder, mi mamá volvió a preguntar antes de cada comida, mi papá hizo un asado, y yo me puse a buscar en la web qué comen y qué no comen los vegetarianos. Tropecé con una página de veganos: "Mamá, estos están locos, olvidáte de lo que te dije".

Paso un tiempo, cada vez me sentía más incómoda comiendo carne, y la idea del vegetarianismo rondaba mis pensamientos. También se aproximaba el casamiento de mi hermano, cuyo menú era ¡asado! Mis cuestionamientos sobre la carne y comer animales no podían ser un problema en ese momento tan importante para él me dije, siempre comí carne, puedo seguir. Pero no seguí callando mis pensamientos, digamos que ese año fue bisagra en mi vida, comencé a tomar decisiones privilegiando lo que quería y no lo que los demás esperaban. Para ocubre del 2007, una semana después de que naciera mi primera sobrina anuncié por tercera vez y la vencida, que no comía más carne, pollo o derivados, que era vegetariana y al que no le guste que no mire. Ese domingo mi papá hizo un asado, comí ensalada. Mi mamá siguió preguntando un tiempo más si quería el pollo a la mostaza que iba a preparar o si comía carne al horno o me hacía otra cosa. Fueron tiempos de mucha milanesa de soja, que ellos también adoptaron, descubrí el brolcoli en el proceso, que las lentejas y porotos fríos y bien condimentados son buena elección, que la berenjena es muy noble y acepta más que el escabeche, y mi papá descubrió que tenía que dejar de comer carne por un tiempo ya que los últimos análisis de sangre lo indicaban.

Durante siete años mi grado de "vegetarianismo" varió increiblemente, al principio solamente no comía carne, pollo, pescado y afines, si salía con una amiga y pedíamos papas fritas con una salsa que incluía alitas de pollo, solamente no comía las alitas; aceptaba gustosa las papas al horno que habían sido preparadas con vacío, y comía cualquier alfajor, biscochito de grasa y derivados.

Hubo momentos de obsesión en los que leía todos los envases, muchas galletitas y alfajores están elaborados con grasa animal, y yo no quería eso en mi cuerpo. También aprendí y busqué info, compré libros, navegué las páginas de recetas, aprendí a realizar hamburguesas de todo tipo, a lavar la quinoa, a hidratar la soja texturizada y que los garbanzos bien sazonados son exquisitos.

Mi estado civil también cambió, interesante fue decirle a mi pareja en la segunda salida, en el patio de comidas de un cine un domingo a las ocho de la noche y previo a una película, que era vegetariana. Fue una mezcla de incredulidad con algo que no descubro hasta hoy, pero creo que su respuesta, "mi ex mujer también es vegetariana", dijo mucho. Compartimos un panini capresse.

Tercer aniversario después de eso festejamos nuestra unión en una parrilla, hacía unas semanas que había vuelto a la carne, a probarla. Leer una nota en el diario La Nación sobre la grieta que significa la comida en las parejas me recordó nuestra pareja. En el medio, está el enterar de algún modo al mundo que en los cumpleaños no es necesario que me preparen un plato distinto, está el asado de mi papá y mi mamá prácticamente obligandome a comer un choripan el día que le dije que quizás comía carne cuando me preguntó si brochetes de vegetales estaban bien para la cena. Está la cena de fin de año de hace un año cuando pedí un bocadito de pechito de cerdo, y esa fue la primera vez que probaba bocado carnívoro. Y están también las etiquetas que quisiera arrancar, esas que supuestamente dicen quién sos por lo que comes, como si yo hubiera cambiado como persona, como si hubiese dejado de ser una loca para muchos y ahora encajara en su mundo carnívoro.

No sé si voy a seguir comiendo carne o si me va a provocar rechazo nuevamente ni tampoco cuál sería el motivo, sólo sé que etiquetas como vegetariano, vegano, carnívoro y el nuevo paleo no deberían definir la vida como un parasiempre.









martes, 23 de junio de 2015

Cabeza a cabeza

El día puede arrancar como cualquier otro, viaje al subte apretada, llegar a trabajar con ganas moderadas, rutina, y todo se puede transformar en un instante.

En ese segundo en el que el pibe de joguing decidió que mi cabeza era ideal para golpearla fuertemente con la suya. Santa Fe y Callao, y la gente que va y viene, y yo con el sonido del golpe retumbando en mi cabeza, sorprendida y alterada. Me acordé de su mamá, y a él no le gustó y quiso pegarme nuevamente porque su mamá estaba muerta y me pidió perdón después de cabecearme sin importar nada, como si alguien pudiera pegar "sin querer" tan fuerte.

Él se fue caminando en su dirección y yo en la mía. Él como si nada, yo con dolor, miedo y paranoia, a ver si me lo volvía a cruzar en una tranquila mañana de martes.

lunes, 8 de junio de 2015

Papeles mezclados

Eran como las camas calientes, cuando uno se levantaba el otro se acostaba. El vampiro que se oculta al salir el sol.

Dicen que las cosas pasan dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa.

La vida hecha grotesco...

jueves, 4 de junio de 2015

La venganza

Hace un par de meses mi familia organizó un asado familiar y me dejaron afuera. Quien se suponía que se encargaba de invitarme, mi hermano mayor, no lo hizo. Dos semanas después mis padres me invitaron a un asado en el que estaría mi hermano del medio con su familia. Mi papá se puso insistente en sacar una foto de la parrilla y subirla al grupo de Whats App. Ahí mi mamá me contó la traición y entendí el por qué de mi papá.
Se habían vengado, todos los que estábamos ahí fuimos cómplices de la revancha.
Larga historia me hizo darme cuenta de la tendencia al ojo por ojo y diente por diente que habita hoy en las pantallas de televisores, ya sea modo telenovela brasilera con Avenida Brasil, serie norteamericana con Revenge, tira de suoerheroe como Arrow, película como la explícita Vengadores o la clásica y mejor a mi parecer El Conde de Montecristo.
Debería yo haber planeado una estrategia contra mi hermano? Qué tanto de eso existe en realidad en la sociedad, qué tanto sólo quedá en el imaginario y la fantasía?
Hoy estoy camino a otro asado familiar en el que estamos todos invitados, costó ponernos de acuerdo en el horario, somos muchos y hay bebes nuevos, pero más allá de eso estamos en "paz".
Las únicas patadas y golpes que nos dimos fueron en la infancia y seguiré diciéndole que sí cada vez que me pida un favor.

sábado, 23 de mayo de 2015

Recorrer Perú en 12 días #1

Lima: Miraflores- Barranco

El viaje inició sin turbulencias, arribamos a las 23 hs de Perú, con un hambre voraz y sin conocer nada. Ni bien tuvimos las valijas los taxistas se acercaron y, como todo vendedor peruano, ofrecieron sus servicios. Afortunadamente habíamos hablado anteriormente con quien nos alojaría en Lima, quien nos recomendó no pagar más de 40 soles hasta Miraflores desde el aeropuerto, muy distinto a los 70 soles que pedían los taxistas. Lección número 1: REGATEAR TODO.

El 29 de abril nos recibía con todas las ganas que se puede tener al inicio de una aventura. Al mediodía emprendimos el recorrido a pie por Miraflores, caminando por la calle Larco llegamos a la costa, donde por unos 250 Soles uno puede tirarse en parapente sobre la costa del Pacífico, decidimos mirarlo desde tierra firme.
En la caminata por la costa se pude ir hacia el faro o querer llegar a ese lugar en donde la costa dobla haciendo una U que llaman La Herradura, hacia allí fuimos con nuestro anfitrión y los dos surfistas que se alojaban en su casa; ellos nos contaron que ese sábado esperaban a La Bomba, una ola de cuatro metros. Así que, luego de un breve paso por Larcomar, shoping cheto del lugar, que es a cielo abierto, dos pisos, un gran patio de comidas gourmet que ingluye un Habana, salimos y tomamos un taxi hasta Surquillo, hogar de La Herradura.





En ese trayecto empezamos a descubrir eso que llamamos las contradicciones de la sociedad peruana, estricta en ciertas cosas y laxa en otras parecidas. Por ejemplo el taxi, si en el aeropuerto no ingresa tanto taxista como pasajeros con cinturón de seguridad, el taxista tiene multa, si no tiene una serie de credenciales le retiran el auto, si no tiene otras tantas no puede levantar pasajeros dentro del estacionamiento, tiene que hacerlo de la puerta para afuera. En el viaje Miraflores-Surquillo, entre 15 y 20 minutos de duración, éramos 5 personas, sin cinturón, fui sentada sobre las piernas de mi novio, inclinando la cabeza en cada lomo de burro (agradezco que no hubiera baches)

El paisaje es majestuoso, se escucha como rompen las olas contra las piedras, se ve la espesa espuma que deja y se huele la sal. Si desde Miraflores este lugar costaba divisarse por la bruma que lo disimulaba, ahora pasa al revés, y Miraflores se vuelve mito detrás de una nube.




En el regreso, decidimos descender en Barranco, mientras los marplatenses y nuestro anfitrión volvían al hogar. Queríamos ir al puente de los suspiros, que habíamos visto de pasada en el taxi.
Preguntando mucho logramos llegar, también descubrimos que de frente quiere decir derecho, que izquierda y derecha no necesariamente respeten la izquierda y la derecha, y que para llegar hay que chequear mínimo 3 veces, como las fuentes periodísticas, porque las personas se equivocan.

Escaleras, verde, flores y adoquines. Composición ideal para la fotografía, para las chicas que cumplen 15 (suponemos) que estaban haciendo sus fotos, vestidas con pantaloncitos insignificantes, taco aguja y maquillaje estilo novela colombiana; estaban por todos lados, bajo el puente, sobre el puente, en el pasto, todas con no menos de tres personas, fotográfo, iluminador, vestuarista. El puente no pudimos cruzarlo conteniendo la respiración, condición para que se cumplan nuestros deseos, ya que desconocíamos esta magia y disfrutamos de reírnos de estas niñas que jugaban a ser grandes.

Eran cerca de las cinco de la tarde y queríamos tomar un café, comer algo dulce y disfrutar de la vista. Este lugar está rodeado de barcitos de colores que terminan en el mirador, una pequeña esquina con una vista increíble del océano plateado. El colorido se lo ponen los músicos que habitan la región, insistentes en dedicar canciones aunque uno no quiera, y terminé viendose seguido por un cantor que entona letras de un tango, una zamba y no toma un "No" por respuesta.



Nos quedamos sin el café, sin el bocado dulce, y caminamos de vuelta a Miraflores, recorriendo Lima a pie, la mejor forma de descubrir la ciudad, pasamos de vuelta por la costa, bajamos por la Vía Expresa, llegamos a la Av. Benavídez y a nuestro alojamiento.

A la noche hubo fiesta en Bizarro, era miércoles, parecía sábado.