domingo, 17 de julio de 2016

Uno más uno no siempre es dos

¿Cómo era que decía?, ¿es complicado?

Sí, es complicado. La vida, las relaciones, son un devenir de malos entendidos, de silencios mal interpretados, de frases sueltas, de pensamientos inconclusos y de mucho más.

Nunca soñé con cuentos de princesas con finales felices, siempre me vi sola, tuve miedo de no saber ser con alguien. Y hoy, el miedo es estar sin ese alguien, no porque no sepa como seguir, sino porque no quiero.

No siempre se puede sacar de lo malo algo bueno, ¿o sí?




miércoles, 13 de abril de 2016

Transporte y smartphone

Mentes efímeras se detienen en medio del pasillo que combina Lima y Avenida de Maro para poder escribir en su celular.Temen no recordar un pensamiento que, definitivamente, olvidaran haberlo escrito dentro d 2 días.

lunes, 1 de febrero de 2016

Redes




Me pregunto si lo que queda de esta era on line son nada más que historias rotas, vidas fragmentadas, instantes que están delineados por la interrupción de una notificación: "Tu amigo de Facebook te ha etiquetado en una publicación", click al link de una postal navideña nada personal que les desea "A todos mis amigos un lindo año".

Estás cenando con alguien y no sabes de qué corno hablar porque se la pasa mirando el teléfono, conquistar la atención de cualquier mortal con cinco redes sociales y cinco mil competidores  es bastante difícil. Y dejas de hablar. El problema es que dejas de saber del otro, de conocerlo, entender qué le pasa, qué quiere, y terminas hablando con vos misma, frente a una pantalla que le das enter y retroalimenta la red de la incomunicación.

Hágase la prueba cualquier día a la hora del almuerzo en el trabajo y se comprobará que hay un momento en el que todos tienen una relación con su celular y el silencio reina.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Árbol de Navidad

Ayer 8 de diciembre no armé el arbolito navideño, fue un finde extra grande, 4 días, pero no lo bajé.

Hoy 9 de diciembre el pino plástico sigue dentro de la bolsa cubierto por la tierra de un año.

Será que los usos y costumbres me adjudicaron la tarea durante toda mi vida y hoy, adulta responsable de mi árbol revoco responsabilidad?

Mañana veremos, quizás la necesidad de subir la ropa de invierno me obligue a bajarlo y, acaso, armarlo.

viernes, 21 de agosto de 2015

Perú en 12 días #2

Día 2, amanecimos en Lima un poco tarde teniendo en cuenta que a las 16hs salía el vuelo a Cuzco. La idea de recorrer San Isidro quedó para la vuelta.

Con las valijas hechas y después de usar el wi-fi para avisar a donde íbamos y que no nos podríamos contactar por unos días con la familia, partimos.

Sólo con pararnos en la vereda logramos que un taxi gire bruscamente y tome por la calle en la que estábamos, las maniobras peligrosas abundan en Perú. Arreglamos la tarifa en 40 Soles, casi la mitad de lo que el primer día nos pidieron.

Hay que tener en cuenta que el viaje al aeropuerto puede llevar hasta una hora desde Miraflores. No era horario pico, sin embargo....

El taxista era bastante agradable y le gustaba la charla, nos contó que el taxi iba a ser suyo después de terminar con las cuotas pendientes, que lo compró parte con la indemnización que recibió de la empresa de buses para la que trabajaba (la que recorre la Vía Expresa), que un cuñado le prestó otra parte y que era un conductor cuidadoso, "Si frenó ni lo van a notar". También nos advirtió el momento en el que teníamos que subir las ventanillas porque nos acercábamos a una zona peligrosa, en donde era común que robaran a los autos.

Bastaba ver por la ventana las casas enjauladas para creer; no sólo puertas y ventanas tenían rejas, también algunas calles están privatizadas para los residentes.

Después del largo paseo en taxi llegamos al aeropuerto de Lima, check in previo decidimos comer una dona en Dunkin Donuts, recuerdo de los 90. Panza llena, corazón contento, consultamos con la oficina de información turística qué ruta nos convenía más, y el más atento de todos los peruanos nos ayudó a diseñar en 10 minutos el itinerario para 10 días, con recomendaciones, búsqueda de pasajes de micro y todo.

Abordamos el vuelo de Lan y en un ratito llegamos a Cuzco, donde nos recibió el frío. Recorrer Perú es así, calor, humedad, frío en un día. A mayor altura más frío, y después de las 5 de la tarde que no hay sol es peor. Hay que vestirse con la técnica de la cebolla: remera liviana, saco finito y campera, llevar guantes y gorra de lana en la mochila.

Al llegar al aeropuerto de Cuzco nos abrigamos y partimos para hacer el check in. Otra vez la salida del aeropuerto supuso el acoso de los taxistas y el regateo, no más de 7 Soles nos habían dicho, y está vez lo conseguimos.


La masa

En una mañana de invierno, la demora hizo notar que el subte no es más que la cinta transportadora de la línea de montaje fordista que, en masa, lleva a los trabajadores a sus destinos: ser números en el sistema.

lunes, 17 de agosto de 2015

Comer, pensar, cambiar

Tenía 21 años y decidí no comer carne hasta que bajara el precio. Eran los principios del kirchnerismo, de la inflación, de mi juventud de rebelde ideológica (la que vivirá en tanto piense distinto que mi padre). Al momento de hacer el anuncio mi mamá se sonrió y, antes de la comida me preguntó qué quería. Ese domingo mi papá hizo un asado, con lo que la protesta duró muy poco, me entregué a una carne humeante y de aromas penetrantes.

Un año después,  con un poco más de convicción que de protesta producto de la cursada facultativa, la antropología, Levi Strauss y los cuices, insistí con mi iniciativa, pero está vez me haría vegetariana, mis padres se rieron, preguntaron si nunca más iba a comer carne, lo que no supe responder, mi mamá volvió a preguntar antes de cada comida, mi papá hizo un asado, y yo me puse a buscar en la web qué comen y qué no comen los vegetarianos. Tropecé con una página de veganos: "Mamá, estos están locos, olvidáte de lo que te dije".

Paso un tiempo, cada vez me sentía más incómoda comiendo carne, y la idea del vegetarianismo rondaba mis pensamientos. También se aproximaba el casamiento de mi hermano, cuyo menú era ¡asado! Mis cuestionamientos sobre la carne y comer animales no podían ser un problema en ese momento tan importante para él me dije, siempre comí carne, puedo seguir. Pero no seguí callando mis pensamientos, digamos que ese año fue bisagra en mi vida, comencé a tomar decisiones privilegiando lo que quería y no lo que los demás esperaban. Para ocubre del 2007, una semana después de que naciera mi primera sobrina anuncié por tercera vez y la vencida, que no comía más carne, pollo o derivados, que era vegetariana y al que no le guste que no mire. Ese domingo mi papá hizo un asado, comí ensalada. Mi mamá siguió preguntando un tiempo más si quería el pollo a la mostaza que iba a preparar o si comía carne al horno o me hacía otra cosa. Fueron tiempos de mucha milanesa de soja, que ellos también adoptaron, descubrí el brolcoli en el proceso, que las lentejas y porotos fríos y bien condimentados son buena elección, que la berenjena es muy noble y acepta más que el escabeche, y mi papá descubrió que tenía que dejar de comer carne por un tiempo ya que los últimos análisis de sangre lo indicaban.

Durante siete años mi grado de "vegetarianismo" varió increiblemente, al principio solamente no comía carne, pollo, pescado y afines, si salía con una amiga y pedíamos papas fritas con una salsa que incluía alitas de pollo, solamente no comía las alitas; aceptaba gustosa las papas al horno que habían sido preparadas con vacío, y comía cualquier alfajor, biscochito de grasa y derivados.

Hubo momentos de obsesión en los que leía todos los envases, muchas galletitas y alfajores están elaborados con grasa animal, y yo no quería eso en mi cuerpo. También aprendí y busqué info, compré libros, navegué las páginas de recetas, aprendí a realizar hamburguesas de todo tipo, a lavar la quinoa, a hidratar la soja texturizada y que los garbanzos bien sazonados son exquisitos.

Mi estado civil también cambió, interesante fue decirle a mi pareja en la segunda salida, en el patio de comidas de un cine un domingo a las ocho de la noche y previo a una película, que era vegetariana. Fue una mezcla de incredulidad con algo que no descubro hasta hoy, pero creo que su respuesta, "mi ex mujer también es vegetariana", dijo mucho. Compartimos un panini capresse.

Tercer aniversario después de eso festejamos nuestra unión en una parrilla, hacía unas semanas que había vuelto a la carne, a probarla. Leer una nota en el diario La Nación sobre la grieta que significa la comida en las parejas me recordó nuestra pareja. En el medio, está el enterar de algún modo al mundo que en los cumpleaños no es necesario que me preparen un plato distinto, está el asado de mi papá y mi mamá prácticamente obligandome a comer un choripan el día que le dije que quizás comía carne cuando me preguntó si brochetes de vegetales estaban bien para la cena. Está la cena de fin de año de hace un año cuando pedí un bocadito de pechito de cerdo, y esa fue la primera vez que probaba bocado carnívoro. Y están también las etiquetas que quisiera arrancar, esas que supuestamente dicen quién sos por lo que comes, como si yo hubiera cambiado como persona, como si hubiese dejado de ser una loca para muchos y ahora encajara en su mundo carnívoro.

No sé si voy a seguir comiendo carne o si me va a provocar rechazo nuevamente ni tampoco cuál sería el motivo, sólo sé que etiquetas como vegetariano, vegano, carnívoro y el nuevo paleo no deberían definir la vida como un parasiempre.