viernes, 28 de enero de 2011

El pescador

El pescador, dícese de aquel sujeto que te toca el brazo, otras veces te agarra de la mano mientras hablas, puede venir de atrás cuando menos lo esperar y posar sus manos en tus hombros simulando un masaje. Esa es su carnada, el contacto casual.

La confirmación de que se trata de un pescador viene cuando notas que repite dichas acciones con otras féminas. De tanto en tanto utiliza alguna frase como "¡Qué linda que te viniste!", "Cosita", "Corazón".

Algunas veces trata de ser más discreto y utiliza su mirada para detectar a su presa del montón: ésta acción se la conoce como "relojeo"(mirada nada sutil que recorre el cuerpo de la víctima de arriba hacia abajo y viceversa), la presa se refreirá a ella como "Me relojeó", y sí, no pasa inadvertida aunque el pescador crea que sí.

En otras ocasiones se lo puede sorprender oliendo el cabello de su presa, comportamiento muy inapropiado que no pasa para nada desapercibido y despertara el comentario del cardumen alertándolo y despertando comentarios varios.


Los indicios básicos a tener en cuenta para saber que se está en presencia de un pescador se manifiestan al poco tiempo de conocerlo porque preguntará edad y estado civil; cualquiera de éstas respuesta puede ser acompañada por exlcamaciones del tipo: "¡Ah!", "¡Dios!", "Me quiero morir", "¡Ay!"

jueves, 27 de enero de 2011

Parece tan simple...


"No camines delante mío, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina a mí lado y sé mí amigo." Albert Camus

martes, 25 de enero de 2011

Edenor, la oscuridad y el cuco

Había sido un día de mucho calor, de esos que la palabra "agobiante" es muy escuchada. Pero a las dos de la mañana había viento. Y mucho.

Oscuridad total. Miedo, desconfianza y paso ligero.

Nunca creí que la oscuridad fuera así, tan, tan que no ves nada, ni siquiera al que te pasa caminando por al lado. Bueno, cuando te lo cruzas sí, pero a un metro ni sospechabas que había otro ser viviente. Y en esa situación, todos se miran (o nos miramos) raro.

Por la vereda de enfrente pasa un tipo con pechera verde con rayas metalizadas para distinguirse en la noche, pero apenas recién se lo nota cuando un auto lo ilumina fugazmente.

Y de golpe, luz. Los ojos que ya se habían acostumbrado al negro, ahora padecen la luz intensa del supermercado. Asociación libre mediante, esto me recuerda el el cuento de la tortuga gigante cuando ve una luz que le indica su llegada a la ciudad. La diferencia es que mi cuento pertenece a un tipo distinto de selva, con piso de asfalto caliente en lugar de pasto, los escasos árboles son reemplazados por torres de edificios que, poco a poco, cambian el paisaje, tapan el cielo ocultando el sol de día y las estrellas por las noches. Ya no se ve a la distancia, ahora hay que conformarse con un par de metros; en la absoluta oscuridad de ésta noche de verano se transforman en grandes monstruos que nos miran desde las alturas.

Y lo paradójico de la cosa son los carteles publicitarios, ahí arriba, iluminados, mientras que en el llano, las casas y las calles permaneces a oscuras y caminar por las veredas rotas se vuelve toda una aventura, deporte extremo cuya meta es llegar a casa, y pronto.

Me pregunto cuánto tendrán que ver las historias que en mi infancia me contaba mi tía para que me durmiera la siesta, el hombre de la bolsa y el cuco. El paso del tiempo, ¿les habrá dado una "cara" más visible, asustarán las abuelas a sus nietos diciéndoles que si no se duermen el Sr. Edenor corta la luz? Yo, por las dudas, me voy a dormir ahora...

viernes, 21 de enero de 2011

Calle Jardín de la Estrella Polar

Quisiera vivir en la calle Jardín de la Estrella Polar. Me imagino un lugar mágico, con mucho verde y flores de todos los colores, y un cielo celeste, con noches de un azul cerrado, pero iluminado por estrellas. Seguramente quedaría en el País de Nunca Jamás (dónde si no), y allí sí sería feliz con mi Peter Pan.



Parece que el lugar existe, aunque queda en Zaragoza, España...

martes, 18 de enero de 2011

De caras, libros y celosos

"Le comenta a todos menos a mí en el facebook"

Frase que últimamente escucho mucho, de amigo sobre amigo, de chica por su chico, etc., etc.

domingo, 16 de enero de 2011

Miedo subterráneo

Cuando tenía alrededor de cuatro años, mi mamá me llevó por primera vez a viajar en subte. Teníamos que ir a la calle Florida, a una galería, de la cual me acuerdo que había una fuente con agua y monedas que la gente fue dejando esperando a cambio que se les cumpliera algún deseo.
Desde ese día, cada vez que viajo en subte tengo el mismo miedo: ¿y si me paso de estación?
No se por qué, pero me aterra. Es tonto, porque me pase más de una vez con el colectivo, otras veces me baje antes de tiempo. Debe ser el hecho de estar bajo tierra; es como sostener toda una ciudad sobre mis hombros y si me bajo en el lugar incorrecto todo se derrumbara.
Pasaron muchos años hasta que empecé a usar frecuentemente ese medio de transporte, ya era adolescente y lo tomaba con mi mamá en Chacarita. Y acá hago un paréntesis, todo el mundo llama a ese lugar de la Línea B Chacarita, pero el nombre de la estación es Féderico Lacroze. Supongo que la cercanía con el cementerio y el hecho de estar bajo tierra resultaba de un humor muy negro llamar Chacarita a la estación.
A mis veintitantos, ya conocí casi todas las líneas y viaje en todos los horarios. Fui guía de amigas en esa aventura que es viajar por primera vez por dentro de la tierra, fui mala y me reí con el chiste de "¡Saca la mano y paralo o se va!", como si fuera un colectivo. Me reí de sus insultos con rubor en los cachetes porque todos las vieron cometer ese "error". Fui bien vestida y con ilusión a más de una entrevista laboral, y también hice combinación en Pueyrredón entre la línea B y la D para llegar a la facultad después de algún trabajo grupal. Y, sin embargo, el miedo de bajarme en el lugar incorrecto sigue ahí, acechándome.
Últimamente me toca el horario pico, 6 de la tarde, horario de lata de sardinas, pero en lugar de estos bichos acuáticos hay mucha gente, y en lugar de aceite, transpiración.
Después de tanto apretujón y carterazo en la cara, fue raro viajar un sábado a las 7 de la mañana.
El vagón casi vacío, de los pocos pasajeros, uno está desayunando un café con una medialuna. Cuando termina arroja el vaso por la ventana a las vías, así como si nada. Los otros se acomodan en las puntas de los largos asientos. Es paradójico como tratan de separarse por la mañana, de que nadie los toque, y a la tarde viajan tan pegados que es difícil distinguir dónde termina un cuerpo y empieza otro.
Algunos optan por conservar puestos sus lentes de sol. La chica que se sentó en la otra punta de donde estoy yo, cuando vuelvo a mirarla está como desmayada, el sueño se apoderó completamente de ella. La formación para de golpe en la estación, se abren las puertas y se cierran con esos ruidos estrepitosos, y ella nada. Miro el resto del vagón y todos duermen, la señora que tengo enfrente amagó con sacar sus crucigramas, pero desistió y también se rinde al sueño.
Por mi parte, lucho contra ese ardor en los ojos tan fuerte que los párpados se cierran, producto de haber dormido nada más que tres horas y media, me resisto a dormirme en el subte, y no es por vergüenza, si todos duermen. Es que ¿y si me paso?

viernes, 14 de enero de 2011

"Desquiciada", así, con comillas

¿Cómo era eso de que la familia no se elije?
A veces me pregunto qué paso con esa persona que creí conocer y que cada día siento más lejana. El bueno, correcto, cariñoso que me enseñaba cosas y que me repetía que tenía que crecer y ser una buena persona, pasó a ser el mayor resentido, intransigente, ese que te insulta y te interrumpe y sigue exigiendo "respeto". ¿Acaso el respeto no es un ida y vuelta?
Parafraseando la famosa frase de Mirta, "Te ven mal te tratan mal", yo digo "Si no respetas, no esperes que te respeten". Y no lo digo por mí, lo digo por el resto de los mortales con los que uno se relaciona día a día.
Hoy sumo un nuevo insulto (finalmente de lo malo siempre hay que sacar algo bueno), "desquiciada".
Desquiciado: perturbado, trastornado, desatinado, turbado, desequilibrado. En fin, loco. Antónimo: cuerdo, sereno.
Serenamente pienso, medito, reflexiono, y me pregunto ¿por pensar diferente estoy desquiciada? Y entonces le encuentro, sino una nueva acepción a la palabra, sí una connotación positiva. Porque, para mi, pensar diferente a la media, y acá se me viene a la cabeza todo el elitismo de José Ingeniros con su "Hombre mediocre", es positivo. Salirse del común no es malo, pero asusta a quienes no se animan a realizar ese pequeño ejercicio que no requiere esfuerzo físico alguno y que es razonar.
Paradojas de la vida, aquel que me llamo desquiciada no tiene ningún inconvenietne en estar a grito pelado en la calle a las dos de la mañana. En fin.

Atención al lector

"Tengo un amigo que está re bueno y se mudó a cuatro cuadras de mi casa"
Atención al lector-Clarín

Mientras espero y espero, escucho esto, cuando la operadora me habla otra vez, se sigue riendo (mucho). Me pregunto si es por lo que le acaban de decir o porque se dio cuenta de que yo estaba escuchando....

martes, 11 de enero de 2011

Por favor, un último favor

No me "amigues". Está todo bien y me parece un paso adelante que sigamos hablándonos y que nos preocupemos por lo que le pasa al otro, qué maduros que resultamos.
Me parece genial que no perdamos el contacto y que me llames para saludarme en mi cumpleaños, haré lo mismo a su debido tiempo, pero no me conviertas en algo que no soy.
Ya no hay lugar para la decepción, eso que allá lejos y hace tiempo, antes de ser nada o algo, me dijiste que era lo último que querías provocarme. Fueron tantas las cosas y tan impactantes que poco lugar había para la decepción...fuimos (fui) directo al dolor.
No me vengas con apodos nuevos y frases hechas para rellenar espacios. No mientas ni ocultes nada, ya no hace falta.
No me cuentes sobre tus nuevas conquistas, ni tus pretensiones de independencia para darte a la vida de "Don Juan".
Jamás preguntes si estoy con alguien, no me entregues y no trates de arreglarme salidas. Moverte por culpa siempre fue lo tuyo, pero ya está, no son necesarios los almuerzos ni las excusas ni nada.
Tuve una vida antes de conocerte, que ya no estés no va a impedir que continué. Mis sueños siguen siendo los mismos.
En nuestra relación de no ser, hay algo que seguro nunca fuimos: amigos.
Así que ya sabes, un último favor te pido: no me amigues...

jueves, 6 de enero de 2011

Facebook y 9 de Julio

Corrientes y 9 de Julio, lugar centrico indiscutido, el sol de la tarde pega fuerte, y mientras vas cruzando la calle, de entre toda esa marea humana que trata de pasar primero, distinguis una cara conocida pero de alguien que no conoces, no es como ver a Luis Zamora en la puerta de un bar, eso es tan común que ni sorprende. La cuestión es que notás que esa cara, ahí, en lo alto de ese cuerpo de 1.90, te es familiar, y pensás de dónde. La memoria fotográfca al rescate, si pensas sólo en su cara, dentro de un cuadradito de 2cm por 2cm, ¡listo! es un contacto de facebook.

Las redes sociales hacen esto, que te cruces con alguien y ni lo saludes, que te des cuenta dos segundos después (lo que equivale a metros de distancia hasta que sabes quién corno es) que no sólo te es familiar, sino que también sabes su edad, que trabaja en una farmacia, que visitó el Machu Pichu, que le gusta viajar, si hasta viste sus fotos de vacaciones, amigos y familia; sabes el dato que muchos de sus conocidos quizás desconozcan: que tiene problemas en las rodillas como resultado de un mal movimiento en un picadito con amigos.

¿Qué hacer en estos casos? Nada. Seguir caminando como si tal cosa, primero que nada, hasta que las neuronas hicieron la sinapsis y se produjo la relación correspondiente, el tipo (o tipa) ya está lejos, no da correrlo en plena 9 de Julio, y además, ¿qué le vas a decir?, ¿"hola contacto 23 de facebook"?

No, lo que se hace es seguir caminando, con una media sonrisa y quizás, sólo quizás, pensar si lo seguís teniendo entre tus contactos o lo borras.

miércoles, 5 de enero de 2011

Lo que hay que escuchar


"Yo, por ella, dejo a mi novia. Le dijo un fulano a su amigo mientras se le acercaban a la muchacha en cuestión. Mirada intimidatoria mediante, amplió: "Me voy con vos en un segundo"


Cosas que se escuchan en un paso a nivel, cuando ya no pasa el tren, el viento remonta las hojas de los árboles como si fueran barriletes y los autos son pocos.

lunes, 3 de enero de 2011

Mascoteando



Caminar por el parque un domingo cualquiera puede sorprender al paseante distraído. Una bola de pelo blanco que salta de acá para allá, con orejas grises y ojitos rojos.

-¿Y qué estás haciendo?

-Saqué a pasear al conejo- contestó la señora rubia de vestido colorido que, mientras tenía el celular en una mano, con la otra sostenía la correa.