martes, 22 de febrero de 2011

Futurólogo


No entiende de presentes, sus tiempos verbales se cuentan en años luz. Sentado en un banco en Parque Centenario, puede planear las más diversas actividades, llevarte a la cancha a ver a Boca, presentarte a sus amigos, sugerir un karaoke multitudinario o visualizarse en el patio de tu casa, mate de por medio, debajo de los árboles y rodeado por los rozales, dentro de muchos años.
Con sus palabras se fueron juntos un fin de semana a muchas ciudades y a ninguna, costa atlántica, sierras, a hotel o en carpa, en auto prestado o en micro.
Para que dos se sientan uno, no sólo tienen que hacer sino también tener cosas juntos, son necesarias las imágenes que le prueben al mundo que la pareja existe. Una salida al cine puede transformarse en la necesidad de adquirir bienes juntos, "tenemos que comprarnos una cámara de fotos".
Un paseo en auto siempre será un "te voy a llevar a que conozcas x lugar en el que nunca estuviste".
En las historias sobre amigos, ya parece que los conoces a todos; apodos y profesiones incluídas, te habla familiarmente de cada uno de ellos. Si hasta casi podes reconstruir sus árboles genealógicos.
Y sin embargo....todo lo prometido por él es deuda. No fueron a ningún lugar, no compraron nada y al único amigo que conoces, fue porque se lo cruzaron por la calle de casualidad.

Siempre todo en futuro. Como si no existiera un pasado compartido, como si el presente no importara. El único tiempo verbal que él conoce es el que no ha llegado, y difícilmente vaya a existir. Tiempo lejano, inalcanzable.

Cómo saber si las palabras son dichas en serio, sentidas; o al pasar, sólo palabras. Cómo saber si es un futurólogo o alguien que cree que hay un futuro.


"Parole, parole, parole...
tan solo palabras, hay entre tú y yo..."

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