miércoles, 30 de marzo de 2011

Enredados


Que esa persona del trabajo resulta vivir cerca, y que su amigo vive enfrente tuyo. Te sentás al lado de quien es vecina del barrio, y te terminas enterando por su boca de la muerte de alguien a quien conocías; que la revista que publica esa chica, en el último número, tiene un perfil de la señora que es vecina del chico del trabajo.
Parece sin la Internet que también nos podíamos interconectar ó
la vieja y conocida el mundo es un pañuelo...(y nosotros somos los mocos)

P.D.: Es tan, pero tan chico el mundo, que mientras buscaba una imagen que ilustre el post, me cruce con la persona que me anotició de la mucosidad de la existencia humana.

viernes, 25 de marzo de 2011

Red

Y en un mar de lágrimas no derramadas, con la voz entrecortada y los nervios apoderándose de sus manos dijo, "te mereces a alguien mejor, alguien que te quiera"
Y ahí es cuando nos damos cuenta, "nunca me quiso, ¿acaso alguna vez le importe?" Y ahora, tiempo después, en otro año, pero sin que haya transcurrido un año, publica a viva voz que está enamorado, y agradece a su amor...
Amores en tiempos de Internet, messenger y "redes sociales", y ahora entiendo el concepto de la red, pero no tiene que ver con "celdas" que se conectan y multiplican al infinito, no, tiene que ver con una red en la que caemos y de la cual no podemos escapar, como los peces que caen en las redes de los pescadores. Cerramos la puerta y nos entra por la ventana aquello que no queremos ver. Cerramos, desactivamos u olvidamos la cuenta del facebúc, pero se nos presenta y nos toma por sorpresa en la actualización de contactos del mail. ¿Acaso los programadores no notan el mal que nos están haciendo con sus modificaciones?, ¿es necesario que todos vallan hacia el mismo lugar, ese de publicar lo privado? Yo sólo quería revisar los correos electrónicos, no pedí la intimidad de los conocidos metida en mi hogar a toda hora, estaba preparada para el spam, pero no para el amor, su amor, en mi pantalla.

domingo, 20 de marzo de 2011

Marche un abrazo


Quisiera poder abrazar sin miedo, quisiera poder permitirme ser abrazada sin tensarme. Quisiera tener fotos donde me abrazo con gente que quiero. Los dos segundos que tardo en decidirme a rodear a otro cuerpo con mis brazos me frenan, y me siento una inútil en el arte de la interacción social; eso que para otros es tan natural y cotidiano, a mí no me sale, me detengo a pensar en el acto diario del cariño. Como quien está a punto de cruzar la calle pero amaga a dar un paso y se frena, y sigo llenando ese arcón de los abrazos no dados y los mimos contenidos.
Quisiera pensar menos. Quisiera sentir más.

jueves, 17 de marzo de 2011

Pensamiento recurrente

Hay algo, digamos un pensamiento, que me da vueltas en la cabeza, hace tiempo, un año probablemente. No es algo original, porque no soy la primera ni seré la última en preguntarse sobre esto, es tan viejo el, llamemoslo tópico, como el ser humano. Composición tema: El amor, podría titularse. Y dentro de el gran tema que toca a cada persona de un modo distinto, lo que me da vueltas, se va y reaparece con más fuerza, es el orgullo. Porque hay relaciones que creo sólo se pueden explicar por eso, la obsesión por ganar. Es amor o es obsesión lo que se siente a veces, es amor o es la idea de no estar solos, de saber que hay alguien que en algún momento de nuestro día o semana va a pregutnarnos cómo estamos o, simplemente, besarnos y acariciarnos sin importar nada. Sin cuestionamientos, con cierta incondicionalidad.
¿Lo amaba o era la idea de estar con alguien, lo amaba a él o a la idea de estar en una relación? Ya lo dijo el cantautor guatemalteco devenido en sinónimo de lo grasa y cursi, "No te enamoraste de mí sino de ti cuando estás conmigo".
Es entendible que cuando la historia se termine, uno se pregunte si era realmente amor, pero cuando las alarmas y estos pensamientos aparecen durante la relación, ese es otro cantar. Algunos optan permanecer por costumbre, comodidad; otros porque temen estar solos y no encontrar a otra persona; hay quienes se horrorizan de pensar en tener que entrar a jugar otra vez al juego de la conquista, donde la frase hecha y el lugar común son moneda corriente. La peor de todas las excusas, para mí, es la de aquellos que están hace tanto tiempo en esa pareja que, justamente esa es la excusa, "después de tanto tiempo...". Como si los años, meses, días, horas, minutos y segundos próximos fueran a darles la felicidad que perdieron en todo ese "tiempo" que estuvieron juntos.
Pero quién soy yo para opinar

lunes, 14 de marzo de 2011

Lugares nuevos, caras conocidas.

Cada vez que hay que ir a un lugar nuevo, uno trata de pasar desapercibido, que el desconocimiento no se note. Nada de parecer turista. Firmeza y seguridad. Sin embargo, el habitué sabe reconocer al forastero, es que el cuerpo nos delata, nos tensionamos más de lo normal, los ojos dan vueltas de aquí para allá, tratando de absorber todas las imágenes mientras encuentran eso que buscamos.
Lo raro es cuando para todas las personas el lugar es nuevo, mismo nombre pero con distinta ubicación, si hasta los carteles de informaciones son los mismos, las caras que uno cruza por los pasillos también se nos parecen familiares, pero el lugar es otro. Y se escuchan conversaciones similares repetidas hasta el infinito, "¿dónde queda X?" es la pregunta del día; pero, ante el desconcierto que generan los lugares nuevos, entre las mareas humanas que se desplazan en busca de su destino, a pesar de los comentarios negativos por el barrio que nos cobija (que algún día sentiremos propio y extrañaremos cuando ya no tengamos que visitarlo), en el fondo lo que se ven son sonrisas y adultos cuyas caras se asemejan a las de los niños felices por lo novedoso de un primer día de escuela.

sábado, 12 de marzo de 2011




Será que arranca el cuatrimestre y quería saber si la semiótica seguía ahí...¿?


De la charla a Roman Jackobson, ¿las funciones del lenguaje?

Me gusta hablar, mantener largas charlas. De esas que llevan a preguntarse ¿cómo llegamos a este tema? Conversaciones que dan placer, con una fluidez natural: nada de poses y caretas, nada de fingimientos para caer bien. Ese ida y vuelta que uno no quiere abandonar, por más que haya amanecido y el sol pegue fuerte en unos ojos cansados que no durmieron.

Pero reconozco un problema, a veces caigo en un silencio que me asusta, llego a un punto en que no sé qué está bien o mal, qué tengo derecho a preguntar y decir y qué no. Acepto lo que me dicen y callo; termino sometiéndome al deseo ajeno, y me queda un rosario de frases atragantadas, nunca dichas, pensadas y repensadas a través del tiempo, ese famoso "tendría que haber dicho tal y cual cosa". Termino convirtiéndome en alguien que no soy, por empezar en una persona muda, condescendiente. Soy esto que ves, y no hay más. Y en esta época de feriados que vuelven, más que nunca dejo las caretas para el carnaval, para aquellos que gustan del disfraz y la actuación; de vestirse de otros que nunca llegarán a ser, de falsas apariencias.

Me gusta y disfruto la conversación, el placer de la palabra bien dicha, de la frase bien puesta, que roba una sonrisa en medio del dolor, por el sólo hecho de reflejar un estado. Por eso creo que hay cosas que no se pueden decir así nomas, como agua va; como comentarios intrascendentes y al pasar, que no afectan al destinatario, como quien dice "Parece que mañana llueve".

Ya lo dijo Jackobson, algo así como que el DESTINADOR le envía un MENSAJE al DESTINATRIO, con quien establece un CONTACTO, en un CONTEXTO determinado y con un CÓDIGO que ambos comparten y decodifican. Entonces digo desde aquí, y para evitar interrupciones y malentendidos, cuidemos el código.

Palabras a pedido


Una vez un amigo me dijo que quería hacerse una rasta, sí, una sola. Hablamos de las distintas técnicas para realizarse el cambio capilar, y de lo que implicaría realizarse tamaña modificación en toda la cabeza. Para mí eso pesa, o por lo menos da esa sensación. Conocí a alguien que acaparaba todas las miradas con su rodete de dreadloks (ahora les dicen así) en lo alto de la mollera, todo eso, que le llegaba a la cintura en estado salvaje, debe de ser duro de aguantar. Como las mujeres de la época de la colonia, que usaban las peinetas y peinetones, a cual más grande, a cual más pesado. ¿Lo harían porque les gustaba como lucía, por una cuestión de competencia y moda ("nadie le gana a mi peineta"), o para llamar la atención?

Estaba en una fiesta con muchos desconocidos, cuando la tentación pudo más y no logré reprimir el impulso de apretar ese pelo envirulinado que formaba tres dreadlocks, palabra moderna para rasta; ya lo dijeron los científicos, el alcohol es un deshinnibidor nato. Mi yo de día jamás hubiese osado tocar cabellos ajenos en la cola para el baño.

Pienso ahora en el Bahiano, ex Pericos, y sus rastas, con el gorro tricolor de lana, simpre me preguntaba si no sería una peluca, pienso en el cambio drástico que hizo, de tamaña pelambre a pelada acero; me acuerdo de Nahuel Mutti, recordado por sus resortes amarillos en Verano del 98, ese programa que duró como tres años; Emilia Attias y su transformación de vedette, a actriz para niños, a rastarubia a pelo súper corto. Y cómo no mencionar a Soledad Algo, compañera de secundario, de banco unos meses en tercero, que paso de sus delicados reflejos y formas suaves de vestirse, a un corte en fiesta con alcohol, y rasta posterior; ahí supe que una de las técnicas era la de retorcer y darle a la mecha con el encendedor. Sí, ahí, sentaditos en los bancos, cuando José le mostraba a Soledad...¡Blanc!, el apellido era Blanc, ¿por qué me acuerdo de estas cosas?
Y pienso en mis ondas, rulos y bucles, en el flequillo que me voy a cortar mañana, en lo contradictorio y antagónico del pelo. Dicen que cuando una mujer se cambia el "look"(¿?, ¿acaso no tenemos palabras castizas para definir eso?, probablemente existían pero las hemos olvidado) es porque está cambiando su cabeza; también dicen que tiene que ver con separaciones y la necesidad de ser otra. Yo digo que los peluqueros/estilistas/cuaffers (y todos contentos) nos hacen lo que quieren. Comprendo que les guste mi cabello, pero la idea es que hagan lo que les pido, no que me condenen al corte de pelo que quiero olvidar porque me recuerda a la persona a la que olvide.

Conversaciones en subte de rastafaris que no vi, y preguntas que surgieron. De un ocasional lector. De un sábado lluvioso volviendo del trabajo. Para mí, eso en la cabeza, pesa.

PD: Si no decías nada, probablemente el viaje no hubiese llegado a este espacio, se agradecen las sugerencias temáticas.

miércoles, 9 de marzo de 2011


"Es difícil amar a alguien que sabes que siempre te va a desilusionar"


Dura frase dicha en Dr. House. ¿Quién dijo que la tele no educa?

domingo, 6 de marzo de 2011

Celos parte 2

¿Cómo lidiar con los celos de aquel que no nos importa por alguien a quien ya no le interesamos?
¿Por qué tener que aguantar escenitas de celos de terceros inoportunos? De ese que las quiere todas para él, y no soporta el rechazo de una porque imagina que es por "ESE" otro, y cuestiona, y hace pucheros y se enoja hasta la desubicación más absoluta...En fin, celos...

jueves, 3 de marzo de 2011

Reflexiones cibernéticas y otras

Redes sociales. Dos palabras usadas y escuchadas hasta el hartazgo. La vida cotidiana invadida por el contacto permanente.

"¡Estaba conectado y no me hablaba!", chilla una chica mientras camina por la calle. Me rio mientras pienso en lo triste y tonto de su reclamo, pero también me hace pensar que su queja es producto de la angustia. Porque habla de las relaciones en la era digital, ¿tenes facebook, msn, twitter? están reemplazando al viejo "pasame tu teléfono"; "Mandame un mensajito de texto" desterró al "Llámame". Sigo sin reponerme a la pregunta "¿Tenes mail o algo así?" por parte de un masculino en una fiesta. Si difícil era que te llamen improbable es que te manden un mail, quizás intente escribirlo, pero no lo envié luego de una relectura, imagino algo así como "Hola, soy el de la fiesta, ¿te acordas?" ¡Horrible! Basta empezar a leer para borrar al instante, y quedarse mirando al cursor que nos titila desde la pantalla en blanco

En lugar de hablar, "nos conectamos más tarde y chateamos". Las conversaciones sufren los efectos del retraso que provoca el olvido de una "ventana abierta", u olvido de "desconectarse". Entonces uno llega a su computadora para hacer cualquier cosa, y ahí está, un "hola" acompañado por una carita amarilla que nos sonríe desde la pantalla. El mensaje pudo haber sido enviado hace horas, a veces puede ir acompañado de "estás?"

Cercanía y distancia al mismo tiempo, todo en un mismo formato, o al mismo precio. Hablar con alguien sin saber qué está haciendo. Porque mientras te cuento del estado de salud de un ser querido, puede que hable sola mientras te estás haciendo un mate; y cuando te cuento la triste historia de un desamor, quizás estés en el baño. Realización plena y literalidad absoluta de "Te cagás en lo que te digo".

Pesadilla de enamorados y obsesivos que ya no esperan al lado del teléfono, no, ahora se pasan el día pendientes de ese sonido característico de cada celular que avisa que tenemos un nuevo mensaje de texto; horas mirando si el cuadradito se pone en verde, si aparece alguna señal de que la persona que el dueño de nuestros desvelos está ahí, del otro lado de su computadora y no es capaz de hablarnos. Si comento la foto de alguien y qué puso.

¿Quién tiene que saludar, el que se acaba de conectar o el que ya está? Y si no te saludan, ¿quiere decir que te ignoran? Nuevas tecnologías traen nuevas preguntas, quien las pueda responder, avise.

La corbata

Hacer el nudo de una corbata. Acción de una intimidad impensada.

Me pase la infancia usando corbatín, sin el placer o bronca de tener que realizar la hazaña diaria. Envidiaba el conocimiento que desplegaban mis hermanos cada mañana al anudar sus corbatas, con esa cara de sueño y el pelo revuelto; todo el "glamour" y la elegancia arruinados por sus delantales grises.

También tuve un año de nudos, allá cuando cursaba sexto grado. En ese momento descubrí cuál era mi estilo preferido para éste accesorio. No me gustan las corbatas con nudo chiquito, parece mal hecho, o realizado el primer día y ajustado el resto de la vida. Para mí, el nudo tiene que ser mediano, un intermedio entre el reciclado y el setentoso que ocupaba medio pecho.

Después de ....¿15 años? volví a probar el arte de anudar corbatas. Mi cuello no era el destinatario, el colegio lo termine hace tiempo y no me va la onda Cris Morena. Probé una y otra vez hasta que logré el efecto deseado. El nudo viajó 500 kilómetros, me dicen que fue utilizado. Elijo creer.

No se lo hice de frente a su cara, con sus ojos en mis manos mirando cada movimiento; con su boca cerca de la mía, con el aliento de ambos contenido para no invadir al otro. Lo hice en mí cuello y lo colgué en una percha.

Y así y todo, me sigue pareciendo demasiado íntimo. Esa pieza tan visible por todos puede encubrir la mayor de las intimidades. Los ojos en los ojos; las manos en el cuello; la respiración entrecortada como música de fondo. Como un baile sensual, o un ritual en donde uno, en general el macho, trata de seducir al otro. Pero más potente porque, aquí, es la hembra la que actúa. ¿Será por eso que me resulta tan poderoso, intimo, dominante?

martes, 1 de marzo de 2011

Celos

"Te tengo que confesar algo, soy muy celosa", palabras de angustia dichas de una amiga a otra.

"Está celosa porque salí con vos y no con ella", le dice un amigo a una amiga de la reacción de una tercera.

Celos de amigos por amigos nuevos, celos de historias que comienzan con historias que terminaron.
Celos que se dejan ver y molestan, y celos que se ocultan y disimulan, pero que también molestan.
Celos de hermanos que no pueden comprender el hecho de compartir a sus padres con otro no igual, pero sí parecido, y celos de padres que no asumen que los chicos crecen y hay que dejarlos partir. Celos de la madre que no escucha tan seguido los alagos a su comida, ahora hay otra que le prepara la cena; celos del padre para quien su nenita no puede ser que abrace a otro y le diga "te quiero".
Celos de personas que no conocemos pero de las que sí sabemos existen, y por eso les inventamos mil caras y mil cuerpos, creando monstruos de mil cabezas, y los buscamos en cada persona que nos pasa por el costado en una vereda.

Esa sensación molesta, que nos invade sin pedir permiso, convertida en necesidad de saber por qué nos cambian por alguien más, por qué eligen compartir su tiempo con otro ser humano y no con nosotros.

Demostración pública de la no vergüenza, o padecimiento silencioso del tipo "la procesión va por dentro", perceptible sólo en una mirada, por un observador atento. Sea cual fuere, del tipo que sean, están ahí, al acecho, molestando.