viernes, 23 de septiembre de 2011

Previsiblemente imprevisible

Dejarse llevar por el momento es aceptar una salida a un lugar que no se conoce y queda tan lejos como un colectivo, una combi y una caminata, dos horas ida, dos horas vuelta. y en el medio un desvío hacia un lugar remoto, de esos que se conoce por la sección policial de los diarios, de esos que es un nombre dentro de un nombre dentro de otro, como las mamushkas rusas, de esos en los que hay altos pastos de un lado y casas raleadas del otro, por calles de tierra y sin nombre. Y llegar a la casa de un desconocido en la madrugada fría de un día caluroso, con la bruma como testigo y las ganas de huir en el cuerpo.

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