martes, 29 de noviembre de 2011

Adios

Esos lugares por los que se sabe no se volverá a pasar, las más ricas empanadas de verdura que ya no voy a probar. Las charlas obvias y el mismo libreto de cinco meses. La estación 9 de Julio y volver desde Catedral, Florida imposible a las seis; los sonoros bocinazos a cualquier hora y los de la oficina de enfrente que hacen gestos dudosos.
La comodidad del lugar conocido, de las mañas dominadas, del entendimiento sin palabras.
A todo eso le digo chau, un placer y hasta pronto. Que anden bien.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Pequeños placeres

Es el sandwich de miga sentada en un macetero, a la sombra de un edificio en la jungla de cemento, con una leve brisa y mil bolsas alrededor. Es noviembre antes de los 30 grados.

Muy noventas parte dos

Los chalequitos de jean, los vestidos largos de algodón, las calzas, las bandoleras mínimas.

Roberto Carlos debe saber

¿Cómo saber si queres a alguien? No hablo de amor. Acá incluyo a la amistad, pienso en cómo se llega a ella, a decir "mi amigo".
Me resulta raro decir "quiero a X" o "siento cariño, afecto, por Y", etc.
Pienso en mis ultimas amistades, recuerdo las más viejas, la mayoría empezó siendo compañero: de colegio, trabajo, gimnasio o facultad; hubo otros que aparecieron de la mano de un amigo, de un amor ya terminado, hasta en la puerta de un boliche conocí a quien hoy es un gran amigo. Medito y llego a la conclusión de que tiene que ver con las ganas de saber de esa persona, de cuanto importe mantener el contacto a lo largo del tiempo, de la necesidad de hablar alguna cosa puntual que sabes te va a entender, contarle qué te pasó o planear alguna actividad compartida, y por qué no sonreír cuando pasa algo que sabes a esa persona le causará gracia,odio o admiración.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Versiones

Pasa el tiempo y me sigo sorprendiendo de la gente, de que a veces se cree en la persona equivocada, o se cree equivocadamente que alguien es de determinada manera y, después, resulta todo lo contrario.
Toda esa reserva era para conmigo, y el mundo tuvo otra versión de los hechos. Histerias.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Feliz año nuevo

Síntoma de que el año se está terminando: veinteañera hace baile loco y grito eufórico en el medio de la vereda, si miran a la izquierda verán una universidad.

El colectivo para en el semáforo, se escucha un reguetón y gritos, en la plaza Lavalle chicos y chicas se pintan a bombazos de temperas azules, amarillas, rojas y verdes, pura fiesta.

En el laburo no se habla de otra cosa que de la fiesta de fin de año, que dónde, que cuándo, que quién va.

Es así parece, el año se termina festejando.

martes, 22 de noviembre de 2011

Muy noventas

Los días de sol que trajo la primavera invitan a salir a la calle a disfrutar el día al aire libre, los parques se llenan de chicos que juegan a la pelota, adultos que retozan sobre el pasto con la compañía de un mate y aquellos que aprovechan para hacer deporte: el que trota todo el año y ahora, de paso, se broncea, los que caminan a paso ligerito y una vieja nueva costumbre: patinar.

Por cualquier calle se puede ver adultos sobre rollers y patinetas o skates.
En revistas, vidrieras y calles pululan los relojes de caucho en colores llamativos. Pelos largos y jopos locos, alpargatas de todos los colores, los Ryban a pleno y a chaparse al que te guste. ¿Acaso volvieron los 90 y yo no me entere?

De todo, me quedo con los rollers, que no serán los negros con cordones y ruedas azul francia, que me hicieron pasar un verano en patines, pero la sensación es la misma. Ya lo saben, cada vez que vean a alguien de veintipico patinando, en realidad están viendo a un@ niñ@ de 12, quizás hasta sea yo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Pronóstico

Dicen que se vienen los días en los que dejamos de decir "Qué lindo día, qué lindo que está el sol" para liberar las quejas veraniegas: "¡Qué calor que hace!"

Cuestión de guardar para la próxima temporada el "¡Qué frío que está haciendo!"

viernes, 18 de noviembre de 2011

Horóscopo

Acaba de caerse el librito del horóscopo que trajo la revista Shop a fines del año pasado, rápidamente decidí ver si tenía razón, digamos que hoy tengo el diario de ayer.

Primer indicio positivo: se abrió en donde estaba mi signo, sin embargo, en lo único que le pego es en Salud, parecería que están observando mis noches de insomnio y mis contracturas (asumo que lo segundo es resultado de lo primero). No paro de reírme con eso de que agosto iba a ser uno de los mejores meses del año...

Lo de la "suave armonía" en el amor y que no estarán solos, qué decir...

El pibe del subte

Suenan las alarmas, hay que apurar el paso. Molinete, Sube y a meterse en el primer vagón que se pueda y tenga un asiento vacío. El piso estaba pegajoso, hace días que el subte esta así, como que alguien tiro una bebida en el medio de cada vagón y el mismo enchastre está en cada uno.
El pibe estaba ahí sentado con dos asientos disponibles a su lado izquierdo y uno del derecho. Ella se sintió observada, por el flaco de rulos, camisa y auriculares, pero no había otro lado a donde ir, y trató de sentarse lo más lejos posible (un asiento de distancia) de esa mirada estilo escaner. El subte no se había puesto en marcha cuando él empezó a mirar de costado el libro que la chica en cuestión sacó de su cartera, inclinó la cabeza y decidió interrumpir la lectura de la muchacha para preguntarle, con una carcajada dudosa antes "Esa es profesora de la UBA, ¿no?", la historia se pospuso y apelando a la diplomacia respondió: "No sé". "Sí, sí, le decían Druqui o algo así, jaja"
Suspiro mediante, lectura de solapa y respuesta: "Sí, profesora de filosofía"

Y decían que un libro era la barrera que marcaba que uno, el lector, no quería interactuar con el resto, y decían que la lectura te aislaba de preguntas, comentarios y demás, que marcaba un espacio y un tiempo propio. No debe ser tan así, si las embarazadas no le piden el asiento a jóvenes que escuchan música en sus Black Berry sino a chicas de fotocopias y resaltador que quedan a la buena de Dios en medio del movimiento inestable de subtes, colectivos y trenes. Si cualquiera interrumpe para preguntar al lector por la próxima estación, aún teniendo otro "vecino" al lado al cual interrogar.

"Yo creí que era puro verso, cualquiera", insiste el muchacho, que insiste con su risa rara, mas no macabra, mientras el olor a ¿vino, cerveza, algún Fernando? perfuma la conversación. Sonrisa de circunstancia por la otra parte, que no entiende, que se reprocha el lugar elegido para sentarse.

Los últimos pasajeros en subir le dictan sentencia de viaje: "¿Flaco, te correrías un lugar?" Y los dos desconocidos quedan uno al lado del otro, ella escuchando la música de él, él leyendo la contratapa de su libro. Parece que la historia de Druqui, Elsa Drucaroff los atrapó a ambos.

Cuesta concentrase en un lugar público, donde abundan las conversaciones y ruidos, más aún con la mirada del otro, que lee sobre el hombro, que se inclina, que espía nuestra lectura.

Poco feedback con la risa extraña, él pareció notarlo y comunicó:"Te dejo seguir leyendo". Alivio.
Muchas estaciones después, cuando él descendía, muy cordialmente le saludo con un "Que sigas bien".

¿Quién sabe? con menos alcohol y menos risa podría haber existido una conversación entre esos dos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Relaciones latentes

Están ahí, al alcance de la mano pero sin compromiso de nada. Están ahí, a pesar de otras relaciones. A veces más presentes y otras en el recuerdo, pero siempre con la posibilidad de volver, aunque sea por un ratito.
Sin involucramiento emocional, aunque conociendo pelos y señas de la vida del otro. Sabiendo de la química, de la piel y del deseo del cuerpo y la boca de ese otro. Con ganas de sentir ese roce que se sabe es placentero, pero efímero. De encuentros ocasionales que no van a tener comentario posterior, de los que nadie se va a enterar, o pocos.

Hay quien las llama "huesitos", otros les dicen "es mi mientras tanto". Relaciones de sonrisa cómplice y mirada profunda. No acaban nunca, pero tampoco empiezan; están ahí, son relaciones latentes.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El tipo payaso

Es el que todas miran apenas pasa la puerta, el que llama la atención. Peina sus claros cabellos despeinados torpemente con las manos, mientras saluda con una sonrisa cordial.
Tira frases inesperadas y, a veces, sorprende su ingenuidad, su cuelgue. Es ese con la que alguna del grupo tiene que estar "por el honor" del grupo.
Es ese que después de un rato hace que te preguntes: ¿Y flaco, vas a avanzarme o seguimos con el bla, bla, bla?
Y también es el que da vergüenza ajena cuando se tira panza abajo y sostiene entre sus dos manitos la cara con ojitos compradores mientras ruega por un poquito de coca -cola.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La paz armada

Las relaciones sociales siempre pueden seguir sorprendiendo. Nunca está todo dicho ni todas las historias posibles han sido escuchadas.
Cuando se trabaja en equipo hay una clara dependencia de terceros, guste o no, tranquilice o altere, uno ya sabe que no está sólo, que hay que saber escuchar, que los demás también tienen opinión y querrán darla y verla plasmada en el resultado final. Básico.
Uno no siempre puede elegir el equipo de trabajo, o hace una pseudo elección según la cercanía de la ubicación de los futuros compañeros. Pocas veces me pasó de decir me junto con Fulano, Mengano y Sultano (amigos recurrentes de mi madre), porque sé que trabajan bien, que nos complementamos.
Hay contingencias en la vida, uno justamente no espera que pase lo inesperado, se prepara para todo lo previsible pero no hay modo de estar listo para enfrentar ciertas circunstancias. Digámoslo: uno siempre espera la paz, no el conflicto.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Peludo de regalo


Hay un momento de la vida en los que admito que me gustaría tener a alguien al lado, que me abrace y pregunte qué me pasa.
Cuando siento que el mundo me sobrepasa, porque los días no alcanzan para que pueda cumplir con eso que se me pide, aunque no me guste y no tenga ganas. Sobre todo si es por culpa de un tercero que me siento así, con esa angustia que aflora en dos lágrimas, sólo dos, porque sé que con llorar no arreglo nada, y porque esa persona no lo vale.
Son esos palos en la rueda que uno se cruza sin buscarlos, como peludo de regalo. Supongo que el origen del dicho viene porque no debe estar bueno que te regalen un peludo. Demasiado rústico y, como pincha, no lo podes tocar.
Y hoy estoy lidiando con eso, y me agota, me saca las ganas que tenía de hacer lo que me pedían. Opaca todo lo que quería hacer, incluso los desafíos que estaba disfrutando.
Son mil sensaciones encontradas que me dan ganas de recibir un abrazo, que hacen notar esa necesidad callada. Momentos que te pueden llevar a cometer un error, a elegir pesimamente los brazos del consuelo. Son los días en los que mil recuerdos se golpean uno atrás del otro de cuando tenía ese apoyo, en un noviembre lejano, por sentimientos parecidos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Recreo

Me planteo largar todo, dejar lo que empecé hace ya tanto tiempo y pensé en dejarlo mil veces. Si me pusiera a contar la cantidad de ocaciones en las que continué por inercia, porque era lo que "había que hacer", por las expectativas ajenas, por los apoyos en el momento justo, ese voto de confianza impagable que pocos supieron manifestar.
Mi miedo es el no poder hacer algo con lo que elegí, cómo encarar la vida y vivir con eso. Porque no lo hago por el papelito, por una cartulina enmarcada y colgada en el living de mamá, no. De ser así, el título sería otro, y yo también sería otra, parecida, pero no esta que soy.
Lo que me molesta más me parece, es esa gente que hace que lo me quiero lo deje de querer, que lo que me gusta se vuelva un padecimiento y no sea disfrute y aprendizaje. ¿Será que se viene el final del año y estoy cansada? Demasiadas preguntas, demasiadas cargas.
Entonces me relajo, porque de tanta presión sólo se puede pasar al relax absoluto y despreocupado, al "me chupa un huevo", después de todo, decidí que este era mi año de recreo, entonces hago todo lo que no hice en años, y me prendo en salidas a mitad de semana y fin de semana, y le dedico el mínimo tiempo a las obligaciones, como para compensar cómo me comporte antes en mi vida.
Pero ya estoy llegando al final, del año, del recreo, de la carrera, de mis límites. Y me recuerdo que voy a seguir porque, sino, sé que me voy a arrepentir.