domingo, 27 de enero de 2013

Un domingo

Ese día no compró el diario ni lo leyó concienzudamente en Internet. El mate lo acompañó con unos biscochitos que quedaban en un frasco. Tampoco limpió toda la casa como dijo que iba a hacer.
A la tarde, poco después de almorzar, salió de su casa y fue al parque, eligió un banco vacío y se sentó a ver sin mirar. Nada en particular llamó su atención. Se quedó ahí, sola, como quien espera a alguien, con la diferencia de que ella sabía que nadie vendría.

jueves, 24 de enero de 2013

Cubitos, bombón, helado

En general, en una casa, lo que se rompe son los platos, los vasos y algún cubierto puede irse a la basura. En mi caso, lo que rompo, son las cubebeteras. Parece mentira que esos recipientes plásticos destinados a durar años se me rompan con tanta facilidad.

Cada vez que voy a la heladera de mis padres me quedo mirando sus máquinas de hacer cubitos que tienen no mi edad, pero sí la mitad. En siete meses de emancipación ya partí cuatro: dos transparentes y dos blancas.

Son épocas en las que el sol calienta la ciudad y el cubito se vuelve ese bien preciado que genera que, para el 24 y 31 de diciembre, largas colas de automóviles se armen en las calles y veredas de las estaciones de servicio; días en los que uno sueña con ser pariente del Sr. Rolito.

No desespero, sé que a finales de marzo, cuando el carnaval termina y empieza la cuaresma, las cubeteras cubriran las góndolas de los bazares y mercados y yo pasare de largo pensando en que necesito una bufanda.

La vigencia del Zorro

Un tipo llama por télefono y avisa:"Me llamo Bernardo y soy sordo"

viernes, 18 de enero de 2013

Personal de limpieza se busca

Una, sin ser una fanática de la limpieza, hace ¨las cosas de la casa": barrer, repasar los muebles, lavar y guardar los platos, cocinar. Tareas cotidianas a las que una vez por semana se le suma planchar, de tanto en tanto una limpieza más a fondo, trapo con producto para piso específico, etc.
A él poco le importa que la mesa quede sucia, sacarse el pantalón y abandonarlo en el sillón con una pata dada vuelta, o las ojotas en el medio del living.
En siete meses limpio tres veces la casa y, sin embargo, puede hacer que una se sienta la más sucia cuando el último día de las vacaciones se pone a limpiar íntegramente la casa que alquilaron, con sillas arriba de la mesa y todo, cocina, horno, piso y hasta jardín. A la vuelta repite la operación en casa en ese último domingo en el que te podías levantar tarde. Dos días después, que los aderezos hayan quedado sobre la mesa en compañía del servilletero vacío será, otra vez, la normalidad absoluta.