viernes, 31 de mayo de 2013

La rutina del cambio

Hay veces que hacemos cambios que hacen que no podamos cambiar, que todos esos planes se suspendan hasta tener el tiempo que, suponíamos, íbamos a tener. Se pierden rutinas gustosas, estructuras necesarias que hacen que no parezca que el mundo se nos viene encima, que dan la estabilidad necesaria para que podamos desear modificarla.

Perderse por las calles un sábado a la tarde, escuchando música, sin importar que el destino sea volver al hogar; leer un libro en el parque mientras unos mates mitigan el vientito otoñal; o aplastarse en el sillón a ver repeticiones de algún programa que sigue sacando sonrisas. O, simplemente, tomar una cerveza un viernes a la noche mientras el viento sopla afuera y la hoja en blanco de la pc espera con el cursor espera titilando.