sábado, 23 de mayo de 2015

Recorrer Perú en 12 días #1

Lima: Miraflores- Barranco

El viaje inició sin turbulencias, arribamos a las 23 hs de Perú, con un hambre voraz y sin conocer nada. Ni bien tuvimos las valijas los taxistas se acercaron y, como todo vendedor peruano, ofrecieron sus servicios. Afortunadamente habíamos hablado anteriormente con quien nos alojaría en Lima, quien nos recomendó no pagar más de 40 soles hasta Miraflores desde el aeropuerto, muy distinto a los 70 soles que pedían los taxistas. Lección número 1: REGATEAR TODO.

El 29 de abril nos recibía con todas las ganas que se puede tener al inicio de una aventura. Al mediodía emprendimos el recorrido a pie por Miraflores, caminando por la calle Larco llegamos a la costa, donde por unos 250 Soles uno puede tirarse en parapente sobre la costa del Pacífico, decidimos mirarlo desde tierra firme.
En la caminata por la costa se pude ir hacia el faro o querer llegar a ese lugar en donde la costa dobla haciendo una U que llaman La Herradura, hacia allí fuimos con nuestro anfitrión y los dos surfistas que se alojaban en su casa; ellos nos contaron que ese sábado esperaban a La Bomba, una ola de cuatro metros. Así que, luego de un breve paso por Larcomar, shoping cheto del lugar, que es a cielo abierto, dos pisos, un gran patio de comidas gourmet que ingluye un Habana, salimos y tomamos un taxi hasta Surquillo, hogar de La Herradura.





En ese trayecto empezamos a descubrir eso que llamamos las contradicciones de la sociedad peruana, estricta en ciertas cosas y laxa en otras parecidas. Por ejemplo el taxi, si en el aeropuerto no ingresa tanto taxista como pasajeros con cinturón de seguridad, el taxista tiene multa, si no tiene una serie de credenciales le retiran el auto, si no tiene otras tantas no puede levantar pasajeros dentro del estacionamiento, tiene que hacerlo de la puerta para afuera. En el viaje Miraflores-Surquillo, entre 15 y 20 minutos de duración, éramos 5 personas, sin cinturón, fui sentada sobre las piernas de mi novio, inclinando la cabeza en cada lomo de burro (agradezco que no hubiera baches)

El paisaje es majestuoso, se escucha como rompen las olas contra las piedras, se ve la espesa espuma que deja y se huele la sal. Si desde Miraflores este lugar costaba divisarse por la bruma que lo disimulaba, ahora pasa al revés, y Miraflores se vuelve mito detrás de una nube.




En el regreso, decidimos descender en Barranco, mientras los marplatenses y nuestro anfitrión volvían al hogar. Queríamos ir al puente de los suspiros, que habíamos visto de pasada en el taxi.
Preguntando mucho logramos llegar, también descubrimos que de frente quiere decir derecho, que izquierda y derecha no necesariamente respeten la izquierda y la derecha, y que para llegar hay que chequear mínimo 3 veces, como las fuentes periodísticas, porque las personas se equivocan.

Escaleras, verde, flores y adoquines. Composición ideal para la fotografía, para las chicas que cumplen 15 (suponemos) que estaban haciendo sus fotos, vestidas con pantaloncitos insignificantes, taco aguja y maquillaje estilo novela colombiana; estaban por todos lados, bajo el puente, sobre el puente, en el pasto, todas con no menos de tres personas, fotográfo, iluminador, vestuarista. El puente no pudimos cruzarlo conteniendo la respiración, condición para que se cumplan nuestros deseos, ya que desconocíamos esta magia y disfrutamos de reírnos de estas niñas que jugaban a ser grandes.

Eran cerca de las cinco de la tarde y queríamos tomar un café, comer algo dulce y disfrutar de la vista. Este lugar está rodeado de barcitos de colores que terminan en el mirador, una pequeña esquina con una vista increíble del océano plateado. El colorido se lo ponen los músicos que habitan la región, insistentes en dedicar canciones aunque uno no quiera, y terminé viendose seguido por un cantor que entona letras de un tango, una zamba y no toma un "No" por respuesta.



Nos quedamos sin el café, sin el bocado dulce, y caminamos de vuelta a Miraflores, recorriendo Lima a pie, la mejor forma de descubrir la ciudad, pasamos de vuelta por la costa, bajamos por la Vía Expresa, llegamos a la Av. Benavídez y a nuestro alojamiento.

A la noche hubo fiesta en Bizarro, era miércoles, parecía sábado.