martes, 29 de noviembre de 2016

Almorzar


Te das cuenta que te olvidaste de vos, de quién eras o qué querías cuando un martes al mediodía, en medio de la rutina diaria, sentada bajo la sombra de un árbol solo escuchás el silencio. No importan los dos pibitos de 14 que tenes a dos metros con sus patinetas, sanguchito y coca-cola,  le ponen conciencia a sus vidas con un rap a todo volumen.
Entonces la soledad cobra un valor olvidado, se impone. Hacer lo que tenga ganas sin importar día y hora, ni quién está cerca o lejos. Ni los gustos y pareceres del resto de la humanidad. No tiene que ver con el otro, tiene que ver con uno.

Momento de hacer la lista de pendientes, pero los del día, eso que no hay que dejar pasar; nada ambicioso, realidades concretables. Hoy voy a xxx, mañana vemos.